CIERVO (Cervus elaphus)
CIERVO (Cervus elaphus)
 

 
ÁGUILA REAL (Aquila chrysaëtos)
BUITRE LEONADO (Gyps fulvus)
CIERVO (Cervus elaphus)
CIGÜEÑA BLANCA (Ciconia ciconia)
CORZO (Capreolus capreolus)
DESMÁN IBÉRICO (Galemys pyrenaicus rufulus)
JABALÍ (Sus scrofa)
LECHUZA COMÚN (Tyto alba)
LIEBRE COMÚN (Lepus europaeus)
LOBO IBÉRICO (Canis lupus signatus)
OSO PARDO (Ursus arctos)
REBECO (Rupicapra rupicapra)
TEJÓN (Meles meles)
TRUCHA DE RÍO (Salmo trutta fario)
ZORRO COMÚN (Vulpes vulpes)
OTROS
Clase: Mamíferos
Orden: Artiodáctilos
Familia: Cérvidos

Longitud de cabeza y tronco: hasta 2,5 metros
Longitud de la cola: 12-15 centímetros
Altura en cruz: 120-150 centímetros
Peso: macho, 100-250 kilos
Hembra, 80-120 kilos
Gestación: 225-270 kilos
Camada: 1 cría, rara vez dos
Longevidad: 15-18 años
Características
Animal de gran envergadura, cuello fornido (especialmente en otoño e invierno por la mayor tupidez del pelaje). Vientre hundido y tórax potente. Los machos con una cuerna de incluso más de un metro, ramificada, formada por material óseo y que cae aproximadamente hacia marzo. Ésta vuelve a desarrollarse para completar su crecimiento en julio(aunque envuelta por una capa cornea llamada correa que pierde ese mismo mes)
El número de puntas de la cuerna contrariamente a lo que se cree no es paralelo a la edad del ciervo. Hacia el 4º año alcanza su mayor grado de tamaño y ramificación y empieza a degenerar para el 9º o 10º año.
La hembra, que carece de cuerna, es en general de aspecto más grácil, cabeza más fina, menor tamaño y peso. Las crías, vulgarmente llamadas cervatillos son de color canela, con una franja rojiza salpicada de manchas blancas sobre el dorso, cuello y costados.




Hábitat y costumbres
Mamífero típicamente forestal, muy abundante en toda la región holártica. Se le puede encontrar en casi cualquier bosque caducifolio de Europa y en parte del norte de África. Son animales gregarios y suelen formar grupos de 2 clases. Por un lado se reúnen las hembras con las crías y por otro lado los machos jóvenes. El comportamiento de los rebaños se diferencia claramente.
Durante el final del verano y el otoño, se produce la época de celo, llamada berrea o brama. Los machos abandonan sus cuarteles de verano y van a instalarse a los territorios de las hembras. Su instinto social desaparece en este período y cada macho se apropia de una parcela de terreno, donde trata de retener el mayor número posible de hembras y cuya propiedad proclama con poderosos bramidos que rompen el silencio de las noches y los atardeceres de otoño. Durante la berrea los ciervos se vuelven mucho más atrevidos y no es difícil verlos en los prados de montaña que bordean las masas forestales. Ningún individuo está en celo durante toda la estación reproductora. El máximo tiempo que un macho busca la compañía de las hembras es de un mes y ningún ejemplar puede conservar su territorio por más de una semana. Esto es debido a que mientras es dueño de un pequeño rebaño de hembras tiene que combatir con sus congéneres, los cuales están deseosos de cubrirlas. Estos combates así como el constante estado de excitación, por la vigilancia del harén hacen que el macho apenas se alimente, con lo que su debilidad se acrecienta día a día. Finalmente acaba por ser sustituido por algún otro individuo que lo derrote en la lucha. Estas peleas, incruentas, son unos de los más espectaculares acontecimientos de la naturaleza. Los orgullosos machos, utilizan sus formidables armas para imponer su ley. Normalmente combaten entre sí ejemplares de similar peso y talla, por lo que suelen ser encuentros igualados. Los choques de las astas, producen un ruido seco que se oye a kilómetros de distancia, característico de los montes españoles en otoño. Rara vez muere uno de los contendientes, aunque se dan casos de enredamiento en la que ambos machos mueren
por no poder separarse.
Cuando va acercándose el final de la estación reproductora, los machos vuelven a formar grupos y abandonan los territorios de las hembras. Entonces es cuando entran en celo los ejemplares más jóvenes, que al vivir aún en compañía de las ciervas no tienden a formar harenes ni delimitar territorios.
La poderosa cornamenta del ciervo, tan útil durante la época de celo, son apéndices óseos del cráneo, durante su formación están muy vascularizados y se pueden considerar como órganos vivos del animal, están recubiertos de un tejido aterciopelado que lo nutre y permite su crecimiento, además está inervado, con lo que en este período son extremadamente sensibles. Tras completar su formación, el engrosamiento de la base corta el flujo sanguíneo, con lo que la piel que lo recubre se seca y cae a jirones (Para acelerar el proceso, el macho suele restregar sus astas con árboles y arbustos) Sin embargo un tiempo después de la reproducción, a principios de primavera, por motivos que se desconocen, el ciervo pierde sus armas, que inmediatamente volverán a iniciar su crecimiento. La formación de la cornamenta depende de la producción de testosterona, de modo que un ejemplar castrado no podrá volver a desarrollar las astas si las ha perdido o no las perderá. Aunque si posteriormente se le inyecta testosterona volverán a crecerle.
Este majestuoso ungulado posee múltiples enemigos naturales, de los cuales sin duda el predador por excelencia es el lobo (canis lupus) Las manadas más o menos numerosas del cánido, pueden abatir incluso al más poderoso de los venados. El lobo, que normalmente abate ejemplares viejos o enfermos, supone un excelente controlador de la población de ciervos. Es más, en zonas donde el predador escasea, las poblaciones de ciervos se verían en peligro, por su excesivo número, de no ser por las piezas cazadas por el hombre. Los linces (Felis linx) e incluso los osos (Ursus arctos) pueden capturar ciervos, y como el lobo atacan a ejemplares de avanzada edad o débiles, con lo que ayudan a mantener una selección positiva de la especie. Todo lo contrario que el hombre, que tira contra los mejores y más bellos venados, lo que va en detrimento de la especie.
En el parque natural de fuentes Carrionas y Fuente Cobre, es una especie abundante, visible en cualquier época del año. En los pueblos que pertenecen al parque, rara es la casa que carece de los cuernos que pierden como adorno. Además el ciervo atrae muchos cazadores a la zona, dando vida a las poblaciones del parque, las cuales están casi deshabitadas en invierno, estación durante la cual se permite su caza. También atrae un buen número de apasionados por la naturaleza la berrea, con lo que en el mes de septiembre los montes se llenan de curiosos deseosos de ver las luchas de los venados por conseguir un pequeño harén de hembras.

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Su interés cinegético supone una de las principales vías de turismo al parque.