LECHUZA COMÚN (Tyto alba)
LECHUZA COMÚN (Tyto alba)
 

 
ÁGUILA REAL (Aquila chrysaëtos)
BUITRE LEONADO (Gyps fulvus)
CIERVO (Cervus elaphus)
CIGÜEÑA BLANCA (Ciconia ciconia)
CORZO (Capreolus capreolus)
DESMÁN IBÉRICO (Galemys pyrenaicus rufulus)
JABALÍ (Sus scrofa)
LECHUZA COMÚN (Tyto alba)
LIEBRE COMÚN (Lepus europaeus)
LOBO IBÉRICO (Canis lupus signatus)
OSO PARDO (Ursus arctos)
REBECO (Rupicapra rupicapra)
TEJÓN (Meles meles)
TRUCHA DE RÍO (Salmo trutta fario)
ZORRO COMÚN (Vulpes vulpes)
OTROS
Clase: Aves
Orden: Estrigiformes
Familia: Titónidas

Longitud: 34 centímetros
Longitud del ala: 274-297 milímetros
Peso: Sobre 350 gramos
Longevidad: Hasta 15 años
Puesta: 4-6 huevos
Incubación: 23-30 días
Características
Ave de inconfundible aspecto. Presenta una cara acorazonada de color blanco, sobre la que destacan dos penetrantes ojos oscuros. El pico, de tono claro, que se halla inmerso entre el abundante y finísimo pulmón de los discos faciales, es muy ancho y se prolonga hasta detrás de los ojos, lo que le permite tragar sus presas enteras. Estos discos, delimitados por una línea de plumas parduzcas poseen la vital función de la óptima conducción de los sonidos a los discos auditivos del ave, que se encuentran inmediatamente después de los ojos.

Sabiendo que las lechuzas utilizan el oído como principal sentido para la localización de sus presas, es comprensible el significado evolutivo del aspecto de su rostro.
Estrigiforme de tamaño medio, algo mayor que una paloma, puede llegar a tener una envergadura de 90 centímetros. De extraordinaria belleza. Dotada de una cola muy corta, durante el vuelo su fantasmagórica figura se reconoce por el redondeado contorno de la punta de sus alas. Uno de sus rasgos característicos es lo dorado de su dorso, interrumpido por múltiples manchas grisáceas, que en ocasiones componen el color de la gran mayoría del plumaje. El vientre de estos pájaros es de un color claro, en ocasiones de un blanco puro, salpicado por puntos pardos. Hoy día se distinguen 2 subespecies, la de color más claro y que cría en España es la Tyto alba alba. Durante mucho tiempo considerada especie sedentaria, hoy día se sabe que no lo son de manera estricta. Sin embargo existe también una subespecie, de aspecto más oscuro, de discos faciales y vientre parduzco denominada tyto alba guttata, la cual es un ave migradora, que llega a nuestro país en invierno proveniente de zonas de Europa situadas más al norte. La subespecie Tyto alba alba y la tyto alba guttata pueden cruzarse entre sí, dando lugar a un amplio abanico de tonalidades posibles.
Sus garras se encuentran parcialmente recubiertas de plumas Tienen los dedos cubiertos por unas cerdas de tono blanquecino, color que habitualmente no conservan dando un aspecto sucio. Poseedora al igual que casi todas las aves de presa de unas extremidades inferiores con afiladas uñas de color negro.
A excepción del pico, ojos y garras, está recubierta de un finísimo plumaje, que la dota de un vuelo absolutamente silencioso. Las plumas rémiges de sus alas, al igual que del resto de las rapaces nocturnas, tienen el borde externo ligeramente desflecado, lo que evita que el roce con el aire delate su presencia en el vuelo.
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El vuelo de estas aves es un ejercicio completamente inaudible, debido a lo suave de su plumaje
Animal de vista extraordinaria. Los globos oculares están, a diferencia de en muchas aves, dirigidos hacia delante, lo que las permite calcular las distancias. Sus ojos poseen una retina pobre en conos (células sensibles al color), pero muy rica en bastones (células sensibles a la intensidad luminosa) De este modo puede ver a sus presas en una oscuridad casi total, aunque realmente se guíe del oído para localizarlas. Sus enormes ojos, son tan grandes que no pueden moverse dentro de sus órbitas, por lo que para fijar su vista en un objeto que no tengan enfrente han de girar la cabeza. Su capacidad de giro es asombrosa de más de 230 grados. Este hecho, y el que las lechuzas oteen el entorno sin apenas moverse de sus posaderos, es debido al intento de no hacer ningún ruido. Un roce de sus garras con el posadero para girarse y fijarse en una presa, alertaría ala misma de su presencia.
Los machos y las hembras son muy semejantes en aspecto del plumaje aunque son ligeramente mayores ellas. La hembra tiene generalmente el vientre salpicado de un mayor número de manchas parduscas. Los ejemplares jóvenes tienen una apariencia idéntica a los adultos, ya que al cambiar el plumón blanco que los cubre cuando son polluelos, se visten con el mismo plumaje que caracteriza a los ejemplares maduros.
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Aspecto que muestran los polluelos a las pocas semanas.
Cuando permanecen posadas tienen las alas ligeramente caídas, y se aprecian sus largas extremidades inferiores y su aspecto desgarbado.
Al igual que otras especies de rapaces nocturnas, y en contraposición al resto de aves, poseen unos repliegues cutáneos que actúan a modo de pabellón auditivo, el cual conduce los sonidos hacia un el orificio auditivo, que a su vez los lleva a través de un largo conducto hasta el sensible oído interno. Además la posición de ambos oídos en la cabeza es disimétrica, estando uno de ellos ligeramente desplazado con respecto del otro. De este modo, los sonidos no llegan simultáneamente a los oídos y basta esa ligera diferencia para que la lechuza conozca la procedencia de los mismos.

Su denominación de rapaz nocturna puede ser puesta en entredicho, esto es debido a que su relación filogenética con las aves de presa diurnas es más bien escasa, ya que el parecido existente por las afiladas garras, así como el pico curvado son el resultado de una convergencia adaptativa por la actividad cazadora de ambos grupos de aves. Por otro lado aunque preferentemente nocturna, en los inviernos más crudos, cuando escasea el alimento, puede verse obligada a cazar de día, de lo que el apelativo de nocturna no sea del todo riguroso.

Hábitat y costumbres
Es sin duda la rapaz nocturna que vive más cerca del hombre. Gusta hacer sus nidos en campanarios de viejas iglesias( de ahí que también se la conozca como lechuza de campanario), torreones, castillos abandonados, graneros, pajares o edificios semi-derruidos, aunque en también lo construye en ocasiones en oquedades de viejos árboles o zonas rocosas que ofrezcan una profunda guarida. También se dan casos de anidamientos en palomares, casos en los cuales, las palomas o bien se acostumbran al huésped o abandonan el palomar. Ave habitual y extensamente distribuida, se haya en todos los continentes excepto en la Antártida. No existe en regiones del norte de Europa ni en zonas excesivamente áridas, como desiertos. En España la podemos encontrar en casi cualquier región. Prefiere zonas de vegetación no muy densa, campos de cultivo con algunos árboles o lindes de bosques poco espesos, así como praderas arboladas.

De actividad casi exclusivamente nocturna, durante las horas de luz se halla en una posición somnolienta e inmóvil entre las ramas de algún frondoso árbol o en su cobijo en un granero o desván, tratando de pasar desapercibida. La mejor estación para observarlas es el invierno, ya que se suelen mostrar más durante el día por la escasez de alimentos
Estos pájaros de la noche son eminentemente cazadores. Dotadas de un privilegiado sentido de la vista y un excepcional oído y ayudas por un vuelo completamente inaudible, rara vez fallan un golpe. Estas rapaces, centran su actividad en el crepúsculo, de ahí su denominación de nocturnas.
Durante el atardecer “cantan”, emitiendo gritos sordos y gemidos similares al llanto de un niño humano, comunicándose entre ellas. Según avanza la noche, esta actividad cesa y se preparan para la caza. Tienen 2 formas de cazar, bien oteando el terreno con un vuelo bajo o desde un posadero o percha.
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Desde estos lugares, estas aves de la penumbra, inmóviles se hacen eco de todo lo que les rodea. Si perciben el ruido de un ratón entre la hojarasca, giran su cabeza hacia él y una vez fijado el objetivo y comprobado que ningún obstáculo se interpone entre ellas y su presa se lanzan en un silencioso picado dándole muerte Por impenetrables que sean las tinieblas, cada ataque es garantía de éxito. La mayoría de capturas se realizan en el suelo, aunque no son raras las presas abatidas en arbustos. Una vez capturado el alimento, y por la dificultad que tienen en fijar su vista en un objeto que tienen muy próximo a ellas, debido a la inmovilidad de sus ojos, tragan la presa entera, dejando que sus potentes jugos gástricos se ocupen de ella. En el caso de que la presa sea un pájaro, lo decapita antes de tragarlo. Las partes indigestibles del cuerpo del animal engullido, son devueltas tras unas horas, en una especie de pelota compuesta por huesos, plumas, uñas y pelos de sus presas, gracias a contracciones peristálticas de su esófago. Estas pelotas compactas, de 30-60 por 18-26 mm, se denominan egagrópilas y son regurgitadas con una frecuencia aproximada de 1 durante el día y otra durante la noche. Una forma de localizar los posaderos de estas aves es precisamente buscando acúmulos de egagrópilas en el suelo. Estas egagrópilas son muy útiles para el estudio de la dieta de las lechuzas. Análisis de las mismas determinan que estas rapaces se alimentan casi exclusivamente de micromamíferos, en especial roedores: Ratones de campo, ratas, topillos, ratones domésticos... Animales tan dañinos para la agricultura tienen en las lechuzas su principal enemigo, de lo que se extrae la utilidad de las mismas para el hombre. Sin las lechuzas, estos roedores podrían suponer sin duda una amenaza para los cultivos. También se alimenta de insectívoros como topos y musarañas y en menor medida de aves de pequeño tamaño como gorriones, estorninos, herrerillos, tordos, verderones... algunos insectos, reptiles e incluso anfibios.
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El ciclo reproductivo comienza en mayo(aunque en el sur se adelanta a finales de marzo o abril) El cortejo nupcial es poco elaborado, consiste básicamente en batir de alas y extraños movimientos ascendentes y descendentes de cabeza y cuello y chasquidos con el pico. Las lechuzas son aves relativamente prolíficas, en años de abundancia realizan 2 puestas al año de entre 3 y 6 huevos, (excepcionalmente hasta 12) la segunda de ellas a finales del verano o en otoño. Se han descrito casos de hasta 3 puestas. Los huevos, de color blanco, son de un tamaño aproximado de 39.7 por 31.5. Estos son depositados directamente sobre el suelo de un rincón, ya que las lechuzas se podría decir que no construyen nido alguno.
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Aspecto de un nido. Los 6 huevos están acomodados sobre un montón de egagrópilas en un rincón de una buhardilla.
Sin embargo debido a que este lugar suele ser utilizado como zona de descanso, se acumulan egagrópilas allí, por lo que normalmente los huevos están acomodados sobre ellas. La incubación oscila entre 23 y 30 días, tras la cual nacen los polluelos cubiertos de un plumón blanco muy ralo. A pesar de su aspecto desvalido, son criaturas muy voraces y reclaman a sus padres comida constantemente. A los 11-13 días, cambian el plumón inicial por otro más espeso y cálido de tono amarillento grisáceo. Es entonces cuando abren los ojos. El macho es el encargado de aprovisionar a la familia de lechuzas. Dada su condición de cazador infalible, no es de extrañar que lleguen a consumir en estos períodos hasta 100 roedores al mes.

Debido al constante aporte de presas al nido, a veces más de las que pueden consumir, los roedores capturados se acumulan, descomponiéndose y emanando un nauseabundo olor característico de los nidos de las lechuzas.

A las 8 semanas los polluelos ya poseen el plumaje definitivo ( a diferencia de otras rapaces nocturnas, que pasan por un estadío intermedio en el cual visten un plumaje mesoptilo) y es cuando abandonan el nido aunque son alimentados fuera del mismo durante un mes más aproximadamente. Son capaces de realizar su primer vuelo a los 80 días y es entonces cuando la hembra obliga a sus retoños a abandonar el lugar donde se han criado. En épocas de escasez, es habitual que los últimos polluelos en nacer se retrasen en el crecimiento y mueran (los pollos llegan a nacer hasta con una semana de diferencia) En estos casos los progenitores despedazan los cadáveres y alimentan con ellos a sus hermanos, asegurando así al menos la supervivencia de alguno de sus vástagos. Una vez independizados los jóvenes vagarán por distintos parajes en busca de una pareja, y una vez encontrada y allí donde críen por primera vez, se convertirá en su lugar de residencia de por vida.
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Su fantasmagórico aspecto ha sido fuente de leyendas. Se la relacionaba con la brujería y fue perseguida por ello durante décadas, ya que era considerada un pájaro de mal agüero.
Al ser un animal sedentario, en lugares excesivamente fríos su actividad se ve comprometida con la llegada del invierno. Más de 7 centímetros de nieve dificultan su situación y si los campos permanecen cubiertos por el manto blanco durante más de 40 días su supervivencia se complica. Ello explica que no suelan existir parejas estables en lugares de más de 1200 metros de altitud, aunque los pueblen durante el estío.
Es una victima habitual en las carreteras. Suele morir arrollada al verse deslumbrada por los faros de los coches cuando vagabundea en plena noche en busca de sustento. Hace pocas décadas su situación era más halagüeña que ahora, debido al mayor número de graneros y pajares, que además de proporcionarle alimento eran un lugar donde anidar. Hoy día, la sistemática desaparición de los antiguos métodos de labranza ha mermado sus poblaciones de forma considerable, aunque todavía sea un ave abundante. Los raticidas empleados en los campos que muchas veces no llegan a matar a los roedores, son un peligro para estas aves, ya que pueden acabar envenenando a sus pollos con los ratones contaminados. A sido una especie muy perseguida durante décadas porque se la relacionaba con el mundo de la brujería y el ocultismo. Su vuelo silencioso unido a su blanca figura y los horribles ruidos que emite, asemejaban a esta ave del crepúsculo con un fantasma y se la consideraba un pájaro de mal agüero. Se la mataba a tiros por gentes que desconocían lo beneficioso de sus actividades para la agricultura, siendo un freno para las plagas de roedores.
En el pueblo de Vidrieros a pesar de la altitud a la que se encuentra y lo riguroso de su clima, podemos encontrarla. Yo mismo junto con mi primo he desmenuzado y examinado los contenidos de las egagrópilas que un ejemplar había regurgitado en la base del campanario de la antigua iglesia, hoy día tapiado. La presencia de esta ave en una población tan hostil desde el punto de vista climático para su especie, es una vez más, muestra de su distribución cosmopolita y su adaptabilidad. El hecho de que algunas parejas nos hagan compañía es señal inequívoca de la riqueza faunística que rodea esta pequeña población de la montaña palentina.