REBECO (Rupicapra rupicapra)
REBECO (Rupicapra rupicapra)
 

 
ÁGUILA REAL (Aquila chrysaëtos)
BUITRE LEONADO (Gyps fulvus)
CIERVO (Cervus elaphus)
CIGÜEÑA BLANCA (Ciconia ciconia)
CORZO (Capreolus capreolus)
DESMÁN IBÉRICO (Galemys pyrenaicus rufulus)
JABALÍ (Sus scrofa)
LECHUZA COMÚN (Tyto alba)
LIEBRE COMÚN (Lepus europaeus)
LOBO IBÉRICO (Canis lupus signatus)
OSO PARDO (Ursus arctos)
REBECO (Rupicapra rupicapra)
TEJÓN (Meles meles)
TRUCHA DE RÍO (Salmo trutta fario)
ZORRO COMÚN (Vulpes vulpes)
OTROS
Clase: Mamíferos
Orden: Artiodáctilos
Familia: Bóvidos

Longitud total: 103-135 centímetros
Altura en cruz: 75-85 centímetros
Peso: 28-50 kilos
Gestación: 150-170 días
Camada: Normalmente 1 cría
Características
Animal de bello porte y gráciles movimientos. De su anatomía lo más destacado son los ligeros cuernos con forma de garfio de hasta 27 centímetros de longitud, presentes en miembros de ambos sexos (aunque la cuerna de los machos sea mayor) Su ligera cornamenta, de color negro azabache y vitalicia (a diferencia de la de los cérvidos) tiene función marcial durante la época reproductora para los machos, aunque se desconoce la utilidad de la misma para las hembras. Características de este bóvido son las marcas faciales, muy marcadas, que alternan manchas blancas y negras, lo que facilita su identificación. Sus extremidades son robustas y finalizan en unas afiladas pezuñas.
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El abrigo veraniego y el invernal son radicalmente diferentes. Durante el estío visten un pelaje leonado, corto que les da un aspecto escuálido. Sin embargo cuando la montaña se cubre del blanco manto de las nieves, el rebeco aparece cubierto de un tupido y cálido abrigo, de color oscuro, casi negro, que acrecienta la majestuosidad del mismo.

Hábitat y costumbres
El rebeco, también conocido como sarrio es de los pocos grandes mamíferos europeos de hábitos diurnos. Lo inaccesible de su lugar de vida hace que puedan desempeñar las funciones biológicas sin ser perturbados por el hombre. Pueden encontrarse entre los riscos de las más altas montañas, y en la parte superior de los bosques alpinos. Hay quien opina que de no ser por la presión humana se podrían ver también en las laderas de monte bajo. Las hembras forman pequeños rebaños, donde van junto con ellas las crías. Estos grupos pueden a llegar a juntar hasta 30 individuos, aunque lo habitual es que los formen menos de una docena. Los viejos machos sin embargo, tienen delimitados territorios donde impiden la presencia de alguno de sus congéneres, feudos en los que permanecen hasta la llegada del otoño.
Octubre da inicio a la época de celo de los rebecos, es entonces cuando los machos abandonan sus tierras, y ascienden a los prados alpinos donde hembras y jóvenes han pasado el verano. Entonces se sitúan en algún lugar escarpado desde donde vigilar el harén y evitar que sean cubiertas por intrusos. En el acaso de que algún macho viole con su presencia el territorio donde se sitúa el rebaño de hembras, se producirá una situación de conflicto. Los dos machos, el residente y el invasor pueden llegar a enfrentarse, y a diferencia de los ciervos, los rebecos tratan de alcanzar con sus finos cuernos los flancos del rival. Rara vez sale alguno de los contendientes herido, aunque se dan casos de que alguno acabe ensartado por las armas de su oponente y muera de peritonitis.
El rebeco es un animal increíblemente ágil. Se desplaza con absoluta facilidad por escarpados riscos, cuesta arriba y cuesta abajo, a velocidades sorprendentes, ritmo al que cualquier otro ser fácilmente acabaría despeñado. Se alimentan de la poca vegetación que pueden encontrar en la montaña y en invierno se ven obligados a descender a cotas más bajas en busca de alimento y para esquivar el frío. Es al final del invierno, cuando se encuentran más debilitados y se convierten en presa de los cazadores de las montañas, tales como el lobo, el águila real o el zorro. El primero da prioritariamente caza a ejemplares adultos viejos o enfermos, los otros dos muestran predilección por las crías. El águila real tiene un sistema de caza espectacular: se lanza en picado sobre alguna joven cría que se haya alejado de su madre, y la despeña, para después llevarse el cadáver. Los rebecos ante la presencia de esta ave suelen emitir un silbido de alarma.
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Hembra con su cría. Como se puede apreciar las hembras al igual que los machos poseen cornamenta
Gracias a sus hábitos diurnos, así como la seguridad que tienen de ser inalcanzables entre las rocas, los rebecos son animales relativamente fáciles de ver. No huyen hasta que el intruso esta a muy poca distancia por lo que cualquier caminante con ganas de subir al monte tendrá una buena oportunidad de disfrutar de estos animales. En el parque de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre son ungulados abundantes. Es el hábitat ideal para ellos: entre las rocas del macizo de piedra caliza que es el “Espigüete” se cuentan por cientos, en las escarpadas masas de vegetación que cubren el “Callejo grande” del “Curavacas” se les puede ver en pleno día. También proliferan por doquier en las paredes de los montes que llevan a Fuentes Carrionas, se ven en Pando, en el Hoyal, Peña Redonda... Un animal tan poco distribuido como éste se encuentra cómodo en los parajes de la zona.
Como otros grandes mamíferos es de interés cinegético. Durante el invierno, tras la época de celo, cazadores de toda España se acercan al pueblo de vidrieros, sabedores que la población de rebecos de la zona es de las más numerosas de España. Su abundancia así como sus costumbres diurnas hacen de él uno de los animales que con más frecuencia observará el visitante del parque de fuentes Carrionas y Fuente Cobre.